sábado, 8 de septiembre de 2012

Un invierno más


El invierno se nos va, y no veo el llanto de las nubes, quizás sus ojos se secaron, o se acostumbraron a la agonía, del diario devenir...

Quizás el Gólgota aun agoniza, quizá el Sinaí, aún espera el amor, que le prometieron las religiones…

El hielo se derrite, en la cordillera, se derrite como aquellos sueños, de constante lluvia, que se volvieron llanto y soledad…

El copo cae por última vez, como desafiando al creador, como desafiando la ley, con la que nació y murió, como rompiendo el ciclo de las leyes naturales...

El oso se despierta del letargo, la hormiga se pone a trabajar, ellos si saben descansar, no como el androide humano, que trabaja todo el año, para los que descansan como oso…

La tormenta se retira, cabizbaja, deberá volver a la caverna de donde salió, aguardando el próximo invierno…

Recuerdo cuando dije que este invierno, sería menos frio que el anterior, y aquí estoy congelándome… Como naufrago a la merced de las olas y la fortuna, como a merced del azar, de los dados, y la nube de
accidentes que decoran la vida…

El iceberg mira silente, cada vez más reducido a escombros, ve como el mundo pasa, como los días terminan, como el inagotable trote del ecuador se cansa, de todo lo que sucede alrededor…

La escarcha cubre el pasto, del Edén, El Viejo de los mil años, el crucificado, la madre y la nuera, los serafines, los arcángeles, los querubines y los 179 santos, y las 764 vírgenes, tienen frió allá arriba, pásenle una copa de vino a cada uno, y unos cuantos niños, a ver si con eso pasan la sorpresa que les dio el invierno, al darse cuenta. que no existían…

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