Con luz de una estrella desconocida
se alumbraba a una virgen
crucificada en la soledad.
Se derrumbaron civilizaciones, mundos,
humanidades a su alrededor
solo con el propósito de bajarla de la cruz.
El inhumano sacrificio
dio un fruto inesperado:
la virgen descendiendo voluptuosa
entre gritos de alegría, amor y furia
entregándose con lujuria
a la humanidad tormentosa
que tuvo la suerte
de ver a esa mujer omnipresente.
Sus pechos turgentes
estallan en la luz más sincera
y llenan de amor a nuestra patética esfera
mientras su húmedo sexo omnisciente
se libera de la virginidad
para amar a toda la humanidad.
Ahora sus ojos son el sol
Ahora sus ojos son la primavera
Sus ojos de amante sincera
velan por el hombre por la mujer
y grita cada día un nuevo amanecer
a los ojos en presencia de la cotidiana sorpresa.
Estamos en su vientre
Somos hijos de nosotros mismos
Ella esta siempre sonriente
justo entre la Iglesia y el lupanar
entre lo hecho y lo pendiente.
Es tan grande que no podemos percibirla
es tan pequeña que no podemos percibirla
Ella es la amada
que encuentra un tipo solitario
que bebe un café y hojea un diario.
Ella es la que nace inmaculada
en el beso apasionado
de dos enamorados.
Ella es la amada
que no contesta a tu llamada
es la que en estridente silencio corresponde a tu amor
Ella es la que necesitamos y nos necesita
es la que esperamos ver cuando alzamos la vista
es la que te ignora mientras te pone toda su atención
es la que por miedo, estupidez e irresponsabilidad algunos llaman Dios.
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