Ella pasaba los días retozando en los febriles sueños de un escritor hundidos en los más tristes relatos. Algunos trataban de intriga politica, de critica a una sociedad inhumana, nada nuevo en realidad.
Ella era la protagonista predilecta de cada relato de este triste escritor. Siempre la describía igual el pobre tonto. Algo así:
"Entonces alcé la vista y entre la bruma del bosuqe apareció la mujer más dulce jamás concebida ni por el más romántico de los escritores. Ojos grandes e inteligentes de negro de eclipse, de ese negro que oculta un claridad estelar. De cabellos largos y alborotados, de un agradable marrón, que parecía tener la brizna del amanecer de la noche en que tanto había vagado..."
Ella siempre cambiaba de nombre algunas veces Emilia, otras Isabel, pero el nombre que más le gustaba era el de Sofía, Sofía el conocimiento, el primer nombre con que fue bautizada en un escuálido cuento con trama shakesperiana mal utilizada y, sin embargo, fue feliz entre las penurias y lo es cada vez que Leonardo relee esas personales líneas jamas compartidas y jamás publicadas.
Leonardo era un juglar nacido en la era donde la filosofía debio ser reconcebida. Era pobre, era escritor. Se ganaba la vida entre pintor y cantante. Era un tipo entre tierno y detestable, te consideraba su amigo y daba la vida por ti aún cuando solo le hayas dedicado una palabra amable, pero aún así era de pocos amigos lo encuentran medio raro decían que un tipo así morirá entre sus propias manos, decían que él no es un hombre contemporáneo.
Delgado y de manos grandes tomaba su boligrafo y hacía un repaso de lo que estaba escribiendo, entonces Ella, la llamaremos Sofía, llegaba a sus líneas con una gran alegría.
-Hola
-Hola ¿comó estás?
-Entre el sonido de mis tripas y un poco de frío. ¿y tú?
-No lo sé realmante ¿como quieres que esté?
-Feliz
Y otra noche sin dormir se ganaba Leonardo, quizás si no fuera por su cara y su estilo tan desalineado hubiera conseguido un trabajo.
En el fondo de su alma soñaba con que Sofía fuera real, a veces la veía en la que corriendo tratando de alcanzar un metro o en la cara de una joven que está a puntode terminar de retratar.
-¿Donde estarás ingrata y sin par sofía? no ves que algun día me cansaré de buscar -mentía a modo de amenaza- ayer conocí a alguien y realmente es fenomenal. Conoce a Ravel y ambos amamos a Bela Bartok. Quedamos en ir a ver el marte a Marco Tamayo- Continuaba mintiéndole a la nada, solo podía de hablar con Sofía cuando estaba escribiendo y, además,eso jamás se lo diría.
"-Los hechizos y sortilegios quedan muy bien a la hora de describir un amor, sin embargo son solo eufemismos para describir una cruel maldición.." dictaba un personaje en el cuento que terminaría de escribir esa triste noche.
-¿Sofía?- No aparecía en las hojas del papel.
Esa noche ocurrió que mientras leía sus relatos no acudía a él su amada, durante horas grito y lloró desesperado, pero nadie respondía a su llamada. ¿qué pasaría con sus escritos? ¿qué llanto es lo suficientemente desconsolado para preferir no describirlo, para que no me tilden de morboso?
Ella sollozaba en un rincón de "Águilas Doradas" el libro donde se dio cuenta que amaba a su escritor tanto como él a ella y que ,sin embargo con su sangre de tinta y carne de metáfora, jamás podría estar con un hombre real.
-!!!SOFÍA!!!- Gritó por enésima vez el flaco desgraciado mientras la invocaba entre signos de pregunta y puntuación.
-!!!Sabes que te amo!!!
Pero cada trazo de comunicación para ella era un puñal que hacía arder en su mente aún más su situación.
Así pasaron los día, luego las semanas y Leonardo dejo de comer solo bebía agua para seguir llorando después. Le consultó a su reducido grupo de amigos y solo consiguió que se alejaran de él, ¿quién quiere a un loco cerca?
Ella se cambiaba de ropa, de nombre y trataba de vivir realmente cada historia que Leonardo Había escrito para que ella pudiera vivir, él lloraba mientras oía la Catedral en mano de Tamayo, ella escapaba de republicanos que no querían sus ideas feministas.
-Adiós- le gritaba el amado de turno mientras se alejaba en un misión sin retorno a otra galaxia y ella se quedaba en la Tierra del año 5053.
El café bebía
y como todo buen escritor
que pierde a una amada
escribió poesía
una hecha con mucho amor,
pero muy desesperada.
Recorrió todos los cuentos y libros que un treinteañero puede hacer, pero el sentimiento le ardía en el pecho y allí se dio cuenta de que la tinta que bombeaba su corazón era tan tibia con la de su amado escrito. Mientras Leonardo gritaba, leugo de meses sin ver a Sofía:
-!!!Ingrata, yo solo velaba por su felicidad, era el techo que soportaba tus lluvias, era el que te amaba a pesar de que no fueras real!!!- las lágrimas de un beodo por necesidad no pararon de brotar, durante meses hasta que un día desfalleció casi seco abandonado en su casa.
A un año de haberlo perdido todo, la muerte rondaba el umbral de su pequeño departamento y ya se anunciaba tratando de ahogar a Leonardo en su mar de desconsuelo.
La escena era muy peculiar el departamento inundado, él flotando boca arriba, entre libros y apuntes, tinta que manchaba el agua salada de sus lágrimas, el agua caía como cascada desde el onceavo piso del edificio y Leonardo en un rato más moriría. Mientras Sofía respiraba en las páginas de un cuento con un trama shakespereana mal utilizada sintió un llamado en su pecho, algo hermoso, algo nuevo como si de repente sintiera el que mundo que tanto describía Leonardo.
Emergió entre las aguas de un mar salado, nacido de las lágrimas de un joven casi muerto. Emergió y su sonrisa instantáneamente despareció cuando vio a Leonardo flotando al lado de la muerte, pero su carácter la ayudo.
"Creí oir mi nombre, no debe ser mi imaginación. No, en realidad me llaman, pero estoy tan bien aquí, todo es más fácil. Creo que quien me llama estaba llorando"
-¡Leonardo!- gritaba Sofía, mientras lo trataba de reanimar con lo que aprendió en un cuento en que fue una salvavidas.
- Y entonces la vi con sus cabellos mojados, largos y hermosos, entre marrones y amarillos, con sus grandes ojos negros, de ese negro de eclipse que oculta una luminosidad estelar. La vi y me abrazaba tenía que estar muerto en ese momento. Sofía no existía en realidad- Me dijo la primera vez que me contó como conoció a mi madre.

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