Vidrio molido y pisoteado, descansa en la esquina justo al
dar la vuelta hacia una calle maldita. Susurra el viento juntando las partes
que nadie se molesta en recoger, pues nadie se pregunta como ese vidrio fue a
parar allí. El asfalto lo mastica una y otra vez saboreando la historia detrás del
brillo, pero lo vuelve a escupir, pues los trozos de historias malditas cortan
hasta las calles. Esquivado por perros y autos, recogidos un día de Abril
vuelcan su suerte a un mañana que parece incierto, hasta encontrar aquella
persona que los funda y los vuelva un bonito adorno para su habitación.
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