La guerra entre tus labios y los míos suele ser de larga y
difícil resolución. En ocasiones se atropellan con decisión, otras, divagan y
apenas se rosan. Las terminaciones nerviosas de tu lengua suelen unirse con las
mías, y muchas ocasiones no se quieren desunir. A veces los dientes salen a la
batalla cual soldado con fusil, buscando arrancar un pedazo de tu piel, y así alimentarme de tu exquisitez. La
guerra entre tus labios y los míos, suele acabar en la guerra universal de nuestros cuerpos. Salen
en tu defensa a toda prisa, tus orejas cálidas acompañadas de un gemido, tus
hombros y brazos adornados con lunares, tu espalda firme que termina en
aquellas nalgas que prefiero sentir mas cerca que lejos y que resisten los
embates de mi pelvis y que se ruborizan con mis manos. Tu busto de diosa griega
que al igual que tu cuello parece cubierto de un halo magnético que impide a
mis labios alejarse con facilidad, desde la trinchera una granada lanza tu estómago,
aquella llanura que me separa de la miel que alberga tu sexo, y que se derrama
por tus muslos tiernos, invitando a mis labios permanecer eternamente fuera de
su objetivo original.
No hay comentarios:
Publicar un comentario