miércoles, 26 de febrero de 2014

Guerra

La guerra entre tus labios y los míos suele ser de larga y difícil resolución. En ocasiones se atropellan con decisión, otras, divagan y apenas se rosan. Las terminaciones nerviosas de tu lengua suelen unirse con las mías, y muchas ocasiones no se quieren desunir. A veces los dientes salen a la batalla cual soldado con fusil, buscando arrancar un pedazo de tu  piel, y así alimentarme de tu exquisitez. La guerra entre tus labios y los míos, suele acabar en la  guerra universal de nuestros cuerpos. Salen en tu defensa a toda prisa, tus orejas cálidas acompañadas de un gemido, tus hombros y brazos adornados con lunares, tu espalda firme que termina en aquellas nalgas que prefiero sentir mas cerca que lejos y que resisten los embates de mi pelvis y que se ruborizan con mis manos. Tu busto de diosa griega que al igual que tu cuello parece cubierto de un halo magnético que impide a mis labios alejarse con facilidad, desde la trinchera una granada lanza tu estómago, aquella llanura que me separa de la miel que alberga tu sexo, y que se derrama por tus muslos tiernos, invitando a mis labios permanecer eternamente fuera de su objetivo original.

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