Sonó el adiós, ausente, cercano,
Entre tanta gente, entre tantas ilusiones,
Se a terminado una parte del camino,
Saldremos de las aulas, para enfrentar al porvenir.
Quedaran los recuerdos, que se acumularan con las futuras emociones,
El recuerdo del timbre, para ir a jugar futbol,
El reto del profe por conversar en clases,
El apoyo del amigo, cuando te noto triste,
La sonrisa del hermano, en las incontables bromas,
La colación de la madre, que cada día se nos aleja un poquito,
El discurso del director, al que nunca se le tomo mucha atención,
La reprimenda por el pelo largo, o por el garabato en el pasillo,
Quedaran los amores, que muchas veces se quedaron en especulaciones,
Quedaran las puñaladas, del que creíste tu amigo,
Y quedara la ayuda de aquel que ignoraste en un principio.
Te acordaras en unos años, cuando te azote el agobio,
Del viento rosando tu cara, después de una prueba,
Del patio lleno, de diversas motivaciones,
De la asignatura que te hizo sufrir, y de la que disfrutabas.
Cierras los ojos, en instantes sutiles,
La golpiza que diste, o que te dieron,
Las bombitas de agua en los veranos baldíos,
El no poder salir, por el tres,
El regalo por el siete.
Ya lejos quedara Valdivia y el paseo por sus indomables lagos,
El hotel de puerto Montt se disfrazara entre la escarcha,
La laguna verde se teñirá en nostalgia.
Cada paseo nos acerco un poco más, por inútiles que parecían en un principio,
Las iglesias, las universidades, las canchas, las casas,
No hay lugar que no se pueda arreglar con la compañía de unos buenos amigos.
Solo queda decir adiós,
Solo queda el llanto, la desolación,
Mañana la mirada, la vigilia,
Y pasado a seguir caminando,
Pues el mundo nunca deja de girar.
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