cada rayo de luz,
cada cristo en su cruz,
el vació y el total,
cada paso de la evolución,
cada argumento,
cada amor hecho monumento,
cada noche cada día,
cada lágrima, cada sonrisa con hipocresía,
cada fe, cada oración,
cada pintura, cada melodía,
cada prosa, cada verso,
cada realidad, cada fantasía,
cada creación, cada universo,
todo el tiempo que pasó y pasará,
cada día hecho poema,
cada problema hecho teorema,
cada ser y no ser,
que ha presenciado
o presenciará la existencia universal,
no ha hecho más que confabular,
para que nuestros ojos converjan,
en un ínfimo e infinito instante,
de luminosidad total,
de fantasías reales,
de castillos de aire,
que pesan como mundos,
y de preguntas esenciales
que jamás importarán más que este humilde,
escuálido y asustadizo segundo.
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